Nada más que decir.

Odio admitir que fui un tonto, que me tropecé con la misma piedra sabiendo cómo era todo realmente. Volví a encariñarme, todo marchaba a buen ritmo… pero por alguna razón la comunicación volvió a fallar.

El final se veía venir desde hace tiempo, al menos de la manera en la que yo lo imaginaba, y me sorprende la forma en la que estoy manejándolo.

Debe saber que lo que pienso respecto a usted sigue siendo lo mismo, mi opinión no ha cambiado en absoluto. Me fue grata aquella vez en que regresaste, justo en el preciso momento en el que ya había vuelto a divisar mi norte… la recuperación en aquel entonces fue complicada pero hoy es distinto. Me da mucha gracia recordar la timidez con la que volvíamos a encontrarnos, para luego alejarnos poco a poco… fingiendo un interés que no estaba allí, engañándome a mi mismo, traicionando lo que soy.

Volviendo un poco atrás, justo al día en el que apareciste; me sentí afortunado, nunca creí en eso de la mujer de ensueño; pero usted era lo que siempre imaginé, hecha a la medida, como yo quería.

Nunca se lo dije, pero esa es la verdad… mi verdad. Decirlo era darte más poder del que tenías e imaginarme haciéndolo de la manera más tonta y cursi me dan unas nauseas terribles. Muchas personas saben que eso era así.

He de admitir que me obsesioné con usted (en aquel entonces…) y me molesta admitirlo (también…). Ya en el instante en que volviste supe del problema y decidí tomar medidas al respecto, y por supuesto que funcionaron… esta vez creí que todo iba a marchar con naturalidad. Aparentemente así era… pero, ¿en qué estaba pensando? si las cosas suceden una vez, por supuesto que pueden pasar nuevamente. 

He aprendido una lección valiosa de esto.

No siempre lo que más deseamos, imaginamos o añoramos es lo que realmente necesitamos, lo esencial es invisible a los ojos.

Por más contradictorio que esto pueda parecer, es así. Siempre recuerdo a El Principito y su Rosa… creo que la analogía habla por sí sola.

Justo aquí y ahora hago pública y oficial mi renuncia a la lucha por Usted, siempre recordando que escribo estas lineas con la dicha de saber que usted no podrá leerlas.

Con mucho cariño de mi. 

Jorge.  

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