Carta a Usted.

Disculpe usted el atrevimiento, pero permítame dedicarle un par de lineas que no va a leer.

Bastante he reflexionado y de nada sirvió, deduje que no la conocí, que es una charlatana; y de las buenas. He decidido cortar por lo sano.

De buena usted no tiene nada.

En este preciso instante caigo en cuenta de muchas cosas y este escrito podría  desembocar en un mar de odio, y eso no es lo que me trae aquí esta noche. Claro que no.

Lo que quiero decirle realmente esta vez me lo ahorraré, y veámoslo desde otro ángulo, ¿vale?

Quería agradecerle el tiempo compartido, que muy importante es… aunque no lo crea. Desde el momento en que apareció hasta el instante en que decidió irse.

La compañía, el aliento, y las risas… aunque hay algo de mucho más peso, más significativo. La inspiración. Si, así como se lee, la inspiración. Y usted fue la mía, sépalo.

Creo que será de las mejores cosas que podrá leer de mi.

No por nada me fue tan bien todos esos días, y no quiero decir que me haya ido mal antes, en absoluto… solo logró potenciar lo que ya estaba allí.

Ahora, todo sigue su curso natural. Usted puede volar al siguiente nido y yo buscaré formar el mío, fin del asunto.

Deshacerme de esa muleta que cargaba era lo que necesitaba y este fue el primer paso.

El aferrarme a nada es algo que sigue siendo una cruda realidad para mi.

Aquí la dejo… donde la encontré.

Jorge.

 

 

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