El regreso.

Hay muchas cosas que rondan en mi mente. Pienso que tal vez suelo distraerme mucho de la realidad; realidad como la de mi país por ejemplo. Ese es un tópico que realmente me frustra mucho…

Aunque el motivo que me trae de vuelta aquí es otro.

He hecho un análisis en retrospectiva de mi evolución como persona a través de estos años. Pienso que tenía unos principios muy marcados, valores y una personalidad ya definida.

Luego, la desgracia llegó en forma de perro negro.

Estuve tanto tiempo echándole la culpa a los demás de mis problemas; cuando en realidad el que tenía la culpa era yo mismo. No fui capaz de verlo, ya era miope.

Me volví alguien radical, y mejoré… pero para mal.

A partir de ese momento comenzó mi involución.

Me enfoqué en mejorar mis fallas para aprovecharlas en un enfoque erróneo, totalmente desorientado, me alejé del buen camino.

Me encontré personas buenas a mi paso y otras que no tanto.

A las buenas les hice daño, mucho daño. Fui egoísta y tóxico, todo lo que siempre critiqué.

A las malas las aproveché…

Mi odio fue infundado.

Quizá era envidia…

Envidiaba que otros pudieran amar de verdad, yo codiciaba eso. Tuve el amor al alcance de mi mano pero no fui capaz de tomarlo. No me amaba a mi mismo, no me aceptaba. Sólo terminé sufriendo por el daño que causé.

No sé si ese asunto aún me pese en la mente, no lo sé.

Aprendí a quererme a mí mismo, a ser más independiente.

Fui de un lado a otro, buscando, tratando de involucrarme, pero no.

Nada sucedía.

Decidí ceder, cerrarme por completo y empezar de nuevo en algún lugar remoto.

Las vueltas que da la vida.

Hay veces en que cuando piensas en rendirte el destino te da revancha, justo cuando menos lo esperas.

Ahora en lo único que pienso es en dar gracias, por qué a final de cuentas he regresado a ser como siempre debí ser. Fue una involución necesaria, puro aprendizaje. Puedo levantar la cabeza y mirarme a mi mismo, darme la mano y sonreír.

Lo he conseguido, finalmente.

Más mi búsqueda sigue en pie…

 

Matar al padre

El atajo más largo

hijo-defensor-del-pueblo-venezolano

Lo primero que llama la atención en el video de Yibram Saab Fornino, el hijo del Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, es el escenario. Al fondo se ve un jardín cuyo límite es un muro de setos. A la izquierda una palmera precisa el encuadre. Es de noche y la única luz parece provenir del otro lado de la cámara.

–¿Estás listo? –dice una voz.

Yibram asiente e inmediatamente alguien más agrega:

–Estoy grabando.

Lo que sigue es uno de los capítulos más significativos del progresivo pero irrefrenable proceso de demolición del chavismo como poder político.

Yibram comienza por presentarse como «ciudadano y estudiante de Derecho». No como «pueblo» ni masa indiferenciada, sino como sujeto autónomo y pensante. Condición que refuerza al declarar lo que hace, estudiar Derecho, es decir, comprender los alcances y los límites de su propia libertad.

Es de piel blanca, pero el rostro muestra la…

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Amigo.

2/10/16

No sé si es algo necesario pero sé que necesito dejar esto aquí como recordatorio personal. Esta noche ha marcado huella fuerte en mi. Tengo muchos compañeros pero no amigos reales. Este es un pensamiento recurrente desde hace años.

He pasado por esta misma situación cantidad de veces.” 

Las personas a las que tú intentas darle un valor, o a las que intentas ayudar, no ven nada. Son miopes, no saben realmente cuando te hieren, tal vez, piensan que siempre estarás allí o en el más común de los casos… obviaran la situación.” 

Si… me pasó. Muchos años después llegaron a saber lo que “realmente” padecí y eso es algo que no entenderé por más que me empeñe. Trabajaré para salir de aquí, he tocado fondo, escrito queda.

8/3/2017

Este es un pensamiento que me ronda con bastante frecuencia en la mente, es un tema delicado de tratar, una palabra que a muchos les hace ruido (me incluyo). Seguro ya adivinas a lo que me refiero. Todas las frases que están escritas allí, son pensamientos míos de hace un tiempo, influenciado y sumergido totalmente en el dolor; desahogo puro y duro.

Hace ya bastante tiempo que tenía retrasado este post y confieso que su objetivo fue cambiando al transcurrir el tiempo y llegar hasta ahora. En aquel momento la balanza estuvo inclinada hacía el lado más oscuro de este asunto. Como es obvio no creía haber experimentado en algún momento el lado más brillante. Pero realmente si lo he experimentado, y como es obvio… en su momento tampoco pensé, o mejor dicho, recordé el lado más oscuro.

Hace muchos años tuve un grupo de amigos, como el que tiene todo el mundo o eso creo yo. Crecí y me críe con ellos, desde el preescolar, pasando por el colegio y hasta el final del bachillerato… aunque no siempre estuvimos juntos, hay un tramo largo que contar para llegar hasta ese punto.

Muchas veces la relaciones en el grupo estuvieron bien marcadas, cada uno tenía una persona a la que era más afín, y como muchos saben, ese no era mi caso. Siempre recordaré mi incesante búsqueda de pertenecer a algún lado y de tener a ese amigo en particular. Cuando creía que al fin conseguía algo, las lealtades cambiaban, se sentía la hipocresía en el aire, aunque siendo muy niño, uno no lo conocía de esa manera, pero se sentía.  Y tú siendo todo un bully, por allí rondabas.

Poco a poco eso fue cambiando… llegando por fin al final de la primaria-principios de bachillerato, las lealtades volvieron a cambiar y poco a poco fui forjando una amistad que fue distinta a las demás, y si que lo era; cambié en demasía; realmente admiraba al que en aquel entonces llamaba mi mejor amigo, hasta mi caligrafía cambió. (Sigo escribiendo así desde entonces). Fue una amistad muy profunda, distinta a las de las personas del grupo, así al menos la recuerdo yo… muchos recuerdos geniales quedarán enmarcados de esa época.

Más adelante en mis años de bachillerato, todo cambiaría.

Me gustaría llamarlo “tonterías de adolescentes” pero no, no le hace justicia a lo que realmente fue.

Crueldad. Ese nombre le calza a la perfección.

Este amigo mío empezó a dejarme a un lado y como era de esperarse, los demás también lo hicieron. Todos éramos una cadena y al cortarse, yo quedé pues relegado a otro plano y como era de esperarse, todo empeoró. Creo que esa fue de las primeras veces que experimente esa sensación con la que escribí las primeras palabras de este post.

Fueron días muy malos para mi, me habían dejado solo.

Me costó mucho superar esa “perdida” que tuve, y al igual que en mis relaciones amorosas, me costaba mucho desapegarme de los recuerdos (que fueron muchos) junto a ellos. Me costaba creer que ellos si los olvidaron con facilidad… y pasé trabajo, mucho trabajo… tuve que salir de mi zona de confort; trabajar con “la hierba mala” de mi salón. Gracias a eso aprendí a forjar de mejor manera mi carácter y personalidad, a superar mi timidez y ser el tipo simpático que agradaba a todos, y en pocas palabras, me volví una especie de nómada entre los distintos grupos de mi salón.

Esa fue, quizá la primera vez en que entró en contexto esta frase:

“La vida no te quita cosas, te libera de cosas, te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. “

Claro que a esta conclusión llegué muchos años después de estos sucesos… yo los odiaba intensamente, de verdad, los odiaba por lo que me hicieron pasar, y ellos lo saben. Pero hoy, gracias a ese egoísmo, tuve una ganancia mucho mayor y creo que eso puedo agradecerlo, me ayudó a evolucionar como persona, gané mucho más de lo que perdí.

Y aquí, en este punto, es donde comencé a experimentar lo bueno de todo este asunto.

Aquí es donde apareció el que hoy en día puedo considerar un amigo, un verdadero amigo. Este personaje fue el que me impulsó en todo sentido, el que hizo que en gran parte sea como soy hoy por hoy, salí de mi zona de confort y pronto adopté en mi ser lo que siempre tuve al alcance de mi mano, me atrevía a hacer cosas que no hacía antes y eso, no tiene precio.

Siempre, siempre te agradeceré por todo, aunque no te lo haya dicho.

Eres un persona muy importante para mi, siempre te he visto como el hermano que nunca tuve, el que me regaló la vida. Creo que de verdad no sabes lo importante que fue el hecho de que llegaras a mi vida y como la influenciaste.

 

El día que escribí los pensamientos que están al principio, tu me acompañaste y aconsejaste, estuviste allí, como en aquellos años.

El solo hecho de recordarte siempre es sinónimo de felicidad, y no solo yo pienso eso.

Gracias por extenderme la mano cuando nadie más lo hizo y enseñarme a no rendirme, a ser espontáneo y más feliz.

Por todo eso y  muchas cosas más es que hoy me encuentro triste, pero trato de disimularlo…

Cuando me dijiste que te ibas del país me sentí terrible y no sé si lo notabas pero me había derrumbado.

Me hubiera gustado que estuvieras el día de mi graduación.

Podría llenar de más cosas este post… pero sé que nada va  a cambiar.

Sé que todo esto es para un futuro mejor y gracias a ello también me he decidido a perseguir mis objetivos, a salir  de mi zona de confort, a buscar lo que siempre ha estado al alcance de mi mano… una vida mejor para mi y los míos, y hacerlo lo mejor posible.

Pondré en práctica todo lo que sin querer me has enseñado.

Te tengo una gran admiración. Y por eso hoy escribo estas palabras; no me queda más que desearte mucho éxito en tu nueva travesía y un feliz viaje.

Te amo mucho amigo mío, hasta pronto.

Jorge.

P.D.: De verdad intenté ampliarme mucho más pero el llanto no me dejó, sé que me entenderás, con este tipo de cosas soy muy llorón.

 

 

El vigilante de la urbanización Miranda

La Cantárida

Por alguna razón de paranoia, casi nunca daba mi identidad real en las casetas de vigilancia. El hecho de que un desconocido anotara, en una lista arrugada, mi nombre, mi cédula y mi placa, me generaba una incomodidad fácilmente comprensible para quien haya visto en las noticias (o experimentado personalmente) la cantidad de secuestros (o falsos secuestros) originados gracias a la complicidad de los encargados de seguridad del lugar en el que se desarrolló el crimen.

Como la inventiva nunca ha sido mi fuerte, utilizaba el mismo alias como respuesta a la siempre incómoda pregunta de: “¿me puede dar su nombre, por favor?”. “John Galt”, exclamaba yo, siempre engolando la voz como un gesto residual del respeto que me generaban esas dos palabras. John Galt es uno de los personajes principales de “La rebelión de Atlas”, encantadora y “maligna” novela de Ayn Rand, cuyos textos y filosofía siempre han despertado…

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